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lunes, 10 de marzo de 2014

Me quejo porque puedo.

Opinar es gratis, así que ¿por qué no opinar de todo?
Algo que hago con mucha frecuencia es quejarme de las cosas que no me gustan. No quiero decir que sea una quejica (quizá) pero si algo me parece mejorable, injusto... pues me quejo. Si puedo intentar ponerle solución, lo hago. Y si no, pues me quejo. ¿Por qué? Porque puedo.

Que conste que también opino sobre las cosas buenas y las apoyo, pero donde hay que hacer más hincapié es en las malas. 

Vivimos en un siglo donde la libertad de expresión (en los países desarrollados, al menos) es mucho más amplia que antiguamente y eso debería aprovecharse, cosa que no hacemos.

Por ejemplo, la educación.
La educación es un tema que da pie a muchas quejas desde siempre, y más ahora con la nueva ley. ¿Pero es tan mala? Estamos programados para quejarnos ante cualquier cambio que venga, pero yo hasta ahora (que me acabo de leer la ley esta en wikipedia) no tenía ni idea de como era. Ya que nos quejamos por todo, quejémonos con fundamentos por lo menos. No creo que la reforma sea ni buena ni mala, es diferente. De lo que más se quejan todos es de esas reválidas que hay que pasar tras primaria, tras secundaria, y al terminar Bachillerato. ¿Son tan malas? Es decir, si has aprobado el curso, no debe de ser difícil. "Puedo tener un mal día y suspender, y no sería justo".. pues no, no lo sería. Pero también es cierto que en ocasiones en algunos institutos inflan muchísimo las notas de Bachillerato al final para que los alumnos aspiren alto en Selectividad, y tampoco es justo para los demás.
Yo, por ejemplo, como buena atea, me quejo de que Religión como asignatura cuente para la media.
Y es que ya lo decía Hume, si el objeto que quieres estudiar no lo puedes señalar en la naturaleza, no es objeto de estudio. No puedes poner al mismo nivel de importancia Física y Religión. No me cabe en la cabeza. Me encantaría desatarme y opinar aquí sobre la religión y el ateísmo pero me voy a contener porque es un tema muy sensible para algunas personas y no quiero ofender a nadie (no en exceso).

En cuanto a las clases en sí, odio que todo sea sentarnos seis horas a recibir información. Teoría, teoría, teoría... ¿y la aplicación? ¿Podemos por favor utilizar lo aprendido? Hacednos creer, al menos, que sirve para algo. Esta queja es solo para algunas asignaturas, ¿eh? Por ejemplo, en Economía hacemos prácticas (mi parte favorita) y entonces le vemos el sentido a las cosas. En Geografía, cuando ves que después de haberte estudiado qué son los anticiclones, las borrascas, etc puedes leer un mapa del tiempo, ves que no es inútil el hecho de haber tenido que aprenderlo. Pero cuando yo hice primero de ciencias, lo que menos útil me parecía era química. Te aprendes cosas que no ves. Aprendes cosas que se supone que ocurren pero no te las enseñan. ¿Tan difícil es hacer una excursión al laboratorio y mezclar cosas para que echen humo? Yo así soy feliz. Que el otro día, en la excursión a la UCA, vi a un señor con nitrógeno líquido y me volví loca, por favor. Es como magia. UF.


En realidad, creo que por eso soy de ciencias (solo en mi corazón, por ahora :c). Porque estudiarme 4 temas de Historia para mí es la muerte. Que podéis decir... sí, para ti es la muerte y luego sacas buena nota... Ya, porque aunque me cueste, estudio. Es lo que hay. 
Y sin embargo, soy la más feliz del mundo haciendo integrales (o intentando hacerlas, estoy en proceso, eh).
De Filosofía no me quejo (que luego Zafra se enfada (?) es broma) porque me gusta el hecho de conocer como piensan otras personas. Pero este año se me hace más pesado en cuanto a la materia, estoy en proceso aún de saber por qué, no lo sé.

Me quejo también de las horas inútiles. Del no poder salir y entrar a nuestro antojo. Tengo unas ganas enormes de llegar a la universidad ya. Que vaya a las clases quien quiera, que vayan los interesados; no como en el instituto, que si tienen que estar las seis horas, y hay 5 que no les interesa, se pasan el tiempo molestando y no dejan a los demás dar la clase en condiciones.

Y mi mayor queja, es y será siempre la mentalidad de las personas (lo comento también porque esto afecta a todo: educación, seguridad, etc).

Esta mentalidad es española pura. Vas a otros países y no es tan intensa. Aquí la mayoría de la gente (digo la mayoría porque personalmente me excluyo, sí) ve el hecho de estudiar como una obligación, como algo pesado, como algo odioso. Y por eso no estudian, o lo dejan. ¡No debería ser así! Yo veo estudiar como aprender. Estoy aprendiendo cosas, estoy creciendo como persona, estoy volviéndome más inteligente, más sabia. ¿Sabéis que aprender es un derecho? Sí, un DERECHO. Porque es algo bueno, porque aprender es lo que nos hace ser cada vez mejores personas. No es que en otros países la gente disfrute estudiando. No se levantan por las mañanas diciendo "Oh, sí, tengo dos horas de economía a primera, no puedo esperar a llegar a clase". Claro que les cuesta, claro que puede ser tedioso. Pero saben que es lo mejor para su futuro.
También cabe destacar que en esos otros países por lo general la universidad es gratuita, hay multitud de becas, una buena educación... ejem, ejem. Pero el mayor problema es la mentalidad.

Esta mentalidad, además, incluye por lo general, manos largas, poca educación, poca empatía...
Que a una alemana que vino a España y dejó su bolso CINCO MINUTOS en un banco de la plaza Peral, se lo robaron. Sí, cinco minutos y el bolso ya no estaba. Es que fue apartarse un momento y volver. Viva España, debe de pensar la pobre. Claro, en Alemania esas cosas no pasan. Que en Finlandia puedes dejar tu maleta en medio del pasillo del instituto y volver a las dos horas, que nadie la ha tocado. Que yo lo he hecho. Pero aquí mi prima deja su mochila en la taquilla del gimnasio sin candado y se la roban. Adiós móvil, adiós ipod, hola España.

Como he dicho, me encanta quejarme. Sobre todo, me encanta quejarme de España. Como no le puedo poner solución, pues me quejo. Porque algo que pasa hoy día es que muy poca gente lucha por mejorar esto. Estamos acostumbrados. Por poner un ejemplo, si vemos en la televisión un nuevo caso de corrupción pensamos "ah, uno más" y fin. Ya nos da igual, estamos habituados a esto. Pan y circo para el pueblo, todos callados. Yo sencillamente creo que no tiene solución. Que la mentalidad de este país es la que impide su desarrollo. Retrocede en vez de avanzar.
Todo el mundo habla de hacer las cosas pacíficamente, de hablar. ¿Sirve de algo? ¿Está mejorando España? No, claro que no. Los franceses no tomaron pacíficamente la Bastilla, los cubanos no consiguieron la independencia pacíficamente, los españoles no se deshicieron pacíficamente de las tropas de Napoleón.
¿Dónde está el límite? ¿Cuánto vamos a tener que aguantar hasta que esto explote? Si pones a una rana en agua hirviendo, huye. Pero si la pones en agua fría y calientas poco a poco el agua, no. Se adapta a ésta hasta morir. 


Y me quejo. Me quejaré hasta que me vaya de aquí, que espero que sea al acabar la carrera. No soy de las que se sienten parte de un país y lo defienden hasta la muerte. Yo he nacido en España, sí, como podría haber nacido en cualquier otro sitio. Soy habitante del mundo. Que España vaya mal no implica que me tenga que ir mal a mí. España podría ser un país muy bueno pero los de arriba no quieren. No quieren que el país vaya bien, quieren que a ellos les vaya bien.
Y yo así no juego.



sábado, 14 de diciembre de 2013

No sé dónde estoy.

El mundo en que vivimos, el universo que nos rodea, da muchísimo que pensar.
Los antiguos filósofos, como Platón, tenían cada uno su forma de que todo encajase. Para este filósofo, el mundo estaba dividido en dos, y la idea del bien hacía que todo estuviese en orden. Para Heráclito, era la fuerza del logos. Para Anaxágoras, el Nous.

Pero, ¿y si el mundo no existe? ¿Nadie se lo ha planteado?
¿Y si no somos reales?

Lo que voy a contar ahora son reflexiones que tengo últimamente por las noches. No es broma, de verdad. Puede sonar paranoico, pero lo pienso. A veces. Otras creo que debo acostarme y descansar para dejar de pensar cosas raras.

En primer lugar, no creo que el universo sea infinito ni finito.
Hagámoslo por reducción al absurdo en cada caso.

Si el universo es finito quiere decir que tiene final, que se acaba. Si fuese así, en algún lugar pasando el sol y las estrellas, habría un final. Una especie de pared o límite material. Si es así, debería poder romperse. Y si se rompiera, ¿qué habría al otro lado? No tiene sentido. El hecho de que haya un final implica que haya algo detrás, es como una habitación y sus paredes. ¿Y por qué hay un final? Por lo tanto, esto se nos va de las manos. Que el universo sea finito no tiene sentido a no ser que hubiera algo detrás que tuviese una cierta razón de ser, una lógica por la que estar ahí.
Así que pienso que no es finito.

Pero si el universo es infinito quiere decir que es eterno, que está en todas partes. Y no me cabe en la cabeza. "En todas partes" es mucho espacio. Y si es infinito, ¿los planetas contenidos también son infinitos? Es un poco locura, ¿no? No puedo imaginarme algo tan grande que nunca acaba.

Como ninguna de las dos cosas me entra en la cabeza, he llegado a la absurda conclusión de que debe de ser semi-infinito o no existe. Que tampoco tiene sentido, pero ya lo pensaré más a fondo.



Otra cosa que tampoco acepto es la teoría del Big bang (y mira que me encanta esa serie de la televisión).
1. Empieza todo con un cúmulo de materia.
¿Por qué? ¿De dónde sale? ¿Qué había antes? No me gusta.

2. Es un cúmulo de materia que explota.
Vale, si es mucha cantidad de materia toda junta, ahí, comprimida en exceso, entiendo que explote. Pero no me creo el punto 1.

3. Comienza a expandirse.
¿Hacia dónde, si solo había un cúmulo de materia? ¿Cómo de grande es el lugar de expansión? Dirán que infinito, pero como he dicho, no creo en eso.

Y no me gusta no creerme las cosas porque empiezo a pensar y a pensar.
Me estreso porque quiero saberlo y no puedo.

Además, hay noticias que dicen que nuestro universo podría ser una simulación informática y que está siendo estudiado por diversos investigadores. También sopesan la idea de que sea un holograma.

Es todo tan confuso, hay tantas posibilidades y sabemos tan poco...

Al final, siempre llego a la conclusión de que somos puntitos vistos desde un avión, y somos nada vistos desde el espacio. Nuestra presencia es mínima en comparación con todo lo existente (o no existente).

Y al fin y al cabo, lo importante es aprovechar lo que tenemos, sea o no real.
Ser felices.
Ser felices dejando de preocuparnos por las cosas que no son importantes y vivir, que nuestra existencia es demasiado corta en comparación con los años que lleva nuestro planeta girando.
Y ser felices según el concepto de felicidad de Platón: conociendo.

Y me acuesto satisfecha, a pesar de que sigo sin saber nada sobre el lugar en que me encuentro.




lunes, 4 de febrero de 2013

Experiencia 101: Buscar la caricia más leve

Mi pareja, el viernes, me hizo una visita sorpresa a la salida del instituto. Fue un detalle precioso.
Después de comer, vio en mi escritorio el libro de 101 experiencias filosóficas de la vida cotidiana y comenzó a ojearlo con curiosidad. Tras comentar ambos algunas de las experiencias más curiosas, se fijó en una en concreto y dejó el libro a un lado.

Acercó sus dedos a mi rostro y comenzó a acariciarme muy levemente. Cerré los ojos y me concentré únicamente en sentir.
Sabía de qué se trataba. Era la experiencia 101 del libro, la última. Buscar la caricia más leve. La había leído esa misma mañana.

Quizá penséis que este tipo de caricia apenas se siente. Si es así, no os podéis hacer una idea de lo equivocados que estáis. A pesar de ser la más leve, os puedo asegurar que es la más sentida de todas.

Sentía sus dedos por mis mejillas, mi nariz, mis labios. No es una caricia continua. Es tan leve que, en ocasiones, sus dedos danzaban brevemente por el aire antes de sentirlos de nuevo. Algo así como si trazara por mi piel pequeñas líneas discontinuas.
Es una sensación preciosa. El autor del libro la describe como éxtasis inefable de efecto divino. (Inefable: que no se puede explicar con palabras). Y tiene toda la razón. Te eriza la piel, te hace sentir bien, te relaja, te enamora.







Es un cosquilleo, es placer, es parar el tiempo.





Si pudiera atribuirle cualquier adjetivo existente, diría que es un cosquilleo agudo (sin llegar a rozar un agudo excesivo, ya que pasaría de maravilloso a desagradable) y dulce. Es de color diamante. Es un Sol mayor en una guitarra. Un Sol mayor o un La mayor. Es eléctrico, es esponjoso, es suave, es natural. Pero lo más bonito es saber que era él quien me hacía sentir tan bien.

Me acarició también el cuello y los brazos y se me erizaba la piel del gusto.

Pero no todas las caricias han de ser obligatoriamente con los dedos. Al terminar el recorrido de nuevo en mi rostro, pasó a acariciar mis mejillas con sus labios. Y mi nariz. Y mis labios.

Abrí los ojos y le sonreí, feliz. Había dejado de ser un experimento, había pasado a ser algo más que una experiencia escrita en un libro. Ahora, era algo muy nuestro.

Posé mis dedos en su rostro y comencé a acariciarle casi imperceptiblemente. Cerró los ojos y me sentí feliz por estar haciéndole sentir así.

Mientras me dedicaba a acariciarle lo más suavemente posible sin llegar a separar mis dedos de su piel, me dediqué también a mirarle. Es muy lindo. Deseaba hacerle sentir esa calma, esa magia, esa chispa, esa sensación que él había provocado en mí.

Terminé tal y como él lo había hecho: rozando mis labios con los suyos.
Me besó. Lo besé. Y nos fundimos en un abrazo y en un suspiro.

Como he dicho, no podéis imaginar lo bonito y perfecto que es esto. Ha pasado a ser un momento muy nuestro que repetimos y repetiremos a menudo.
A pesar de ser la caricia más leve, es la más sentida y, probablemente, la más deseada.



viernes, 7 de diciembre de 2012

Borregos de una sociedad


Este experimento me resulta fascinante. El modo en que una persona se deja llevar en algo tan simple, con tan poca importancia, como puede ser la orientación en que todos se colocan en un ascensor.

Somos borregos de la sociedad. Donde va uno, van todos. Nos dejamos llevar por lo que todos creen correcto, creemos todo lo que se nos dice siempre que encaje con el resto de verdades ya dichas, y así nos sentimos bien. Integrados, formando parte de algo. Esa es una de las facetas que nos hace humanos, necesitamos vivir en sociedad para crecer como personas. ¿Pero es así realmente?
Este criterio de verdad se conoce como 'Coherencia', donde solo podemos admitir como verdadero un juicio si es coherente con todo lo demás que admitimos como verdad.

¿Pero qué clase de crecimiento es este? ¿Cómo voy a crecer como persona si me dedico a dejarme llevar, dejarme influir y aceptar todo lo dicho? No se puede.



Hay montones de casos en nuestro día a día que nos demuestra esto. Hoy en el instituto, hemos tenido una charla sobre primeros auxilios. El último tema tratado ha sido el tema de las drogas. El monitor pedía motivos por los cuales alguien entraría en las drogas y yo le di el motivo que más veo normalmente: Presión social. Mis amigos las toman y no voy a ser el/la único/a que no lo haga. Quiero integrarme. Quiero ser guay, ¿qué hay más guay que estar apoyado en la pared con un cigarro entre los dedos? Si todos lo hacen no será tan malo, ¿qué mas da? Lo peor es que había gente que veía esto normal. ¿Qué ocurre? ¿Que si no lo haces, te dejarán de lado? Entonces no son amigos. ¿Quieres ser guay? Pues esfuérzate llegando a algo en la vida. ¿No es tan malo? Yo creo que el simple hecho de alterar tu percerpción de la realidad y crearte dependencia, ya hace que lo sea.

En mi grupo de amigos no bebía nadie. Comenzó a salir con nosotros un chico que bebe. Ahora todos beben, menos dos o tres que no lo hacemos. Yo controlo, mientras se sepa controlar, no es malo decía la más responsable de todos los que bebían. Y el sábado me la encontré vomitando en el parque mientras otra le sujetaba el pelo. Así te lo pasas mejor, dicen. Yo me lo paso muy bien y no me hace falta tomar nada. Además... ¿no es mejor poder recordarlo todo al día siguiente y evitar dolores de cabeza resacosos?

Yo: Me sorprendió mucho que la gente dijese que entraría en las drogas por no quedarse solo.
Mi madre: Si todos pensaran como tú, entonces no habrías podido decir 'por presión social', ya que a nadie le ocurriría. Tú misma lo dijiste, no debería soprenderte.
Cuánta razón.

Yo creo que el hecho de que somos borregos se ve en todos lados. A gran escala, puede verse en el simple hecho de que exista el concepto 'moda'. Todos seguimos ciertas tendencias, por decirlo de algún modo, sea porque las seguimos realmente o porque, cuando algo se pone de moda, las tiendas solo venden eso. Lo difícil que sería ahora encontrar un pantalón que llegase hasta la cintura, por ejemplo. ¿Por qué no puedo salir con unas gafas de buzo a la calle? ¿Por qué, si a mí me gusta? No está bien visto.
Hace un par de semanas me compré un gorro de navidad que me encantó. Me parece muy original, y creo que será interesante ver que pasará cuando salga con él a la calle.

Y a pequeña escala, vale con ver una ciudad, incluso con ver nuestra clase bastaría para afirmarlo. Hay dos o tres graciosos (si realmente lo son), que disfrutan molestando en clase, lanzando bolas de papel cuando el profesor se gira y demás. La gente a esto reacciona de varias maneras:
-Les molesta, les parece inmaduro e inapropiado para una clase de 1º de bachillerato, y si la bola o lo que sea llega a ellos, la guarda, la deja caer al suelo, o la ignora. Les molesta y no van a fingir lo contrario. Cuando surge el momento apropiado, hablan con el tutor/a.
-Les molesta y les parece inmaduro, como al grupo anterior, pero si demuestran esto, los graciosos los van a tomar por gente aburrida, gente a la que atacar si surge el momento con alguna broma desagradable y, en consecuencia, prefieren fingir que les hace gracia, soltar alguna risita y disimular. Si la ocasión lo permite, lanzarán la bola, dirán alguna gracia acorde con el momento, etc. Colaborarán.
Sin embargo, a la hora de quejarse, son los segundos los que más lo hacen. Siempre y cuando, nunca se sepa que fueron ellos los que se quejaron. Borregos, borregos everywhere.

He enseñado este vídeo a varias personas. Algunos me han reconocido que habrían actuado como las víctimas mostradas, que habrían ido imitando sus gestos. Sin embargo, hubo respuestas por parte de tres amigos míos que me sorprendieron bastante y, por como conozco a estas tres personas, creo realmente que actuarían así.

E: Yo me habría quedado tal y como me hubiera colocado, la verdad. No me habría molestado en girarme o colocarme como ellos. Yo habría pasado de todo bastante, si eso, me habría quedado mirándolos, por ver que hacen.

H: Yo me habría salido del ascensor. Qué miedo, por favor. ¿Te lo imaginas? Cuatro personas girando a la vez y haciendo cosas raras. Quita, quita. Yo a la primera cosa extraña, me habría salido y habría utilizado las escaleras. Además, los ascensores nunca me han gustado.

A: Yo no me habría movido, pero me habría puesto a mirarlos con cara de '¿Qué narices estáis haciendo?', seguro. Y te imagino a ti en el ascensor, María José, mirándolos y riéndote a carcajadas.


Quizá tiene razón, vaya. Habría sido muy gracioso. Algo que me sorprende del vídeo es la cantidad de gente que se oye reírse de fondo. Reíos, sí, pero segura estoy de que un 90% de vosotros habría actuado igual.



Conclusión: Somos borregos. Y hablo, y he hablado todo el tiempo, en primera persona del plural, porque me incluyo. Yo creo que nadie se libra de ser un borrego. ¿Te hace menos borrego el hecho de saber que lo eres? No, solo eres un borrego consciente, supongo. ¿Cómo evitar serlo? Todo nos orienta a serlo. La educación, los medios de comunicación, nuestras familias, el mundo. ¿Cómo saber lo que es cierto o no? Y lo peor, ¿cómo cambiarlo? Yo desde que era pequeña he dicho que lo que quiero es cambiar el mundo a gran escala.

Mi madre: ¿Sabes ya qué quieres estudiar?
Yo: No sé, algo para cambiar el mundo.
Mi madre: Lo puedes hacer con pequeñas cosas. Ayudando, siend...
Yo: Eso ya lo hago. Pero eso no va a contribuir a que Haití mejore, por ejemplo.
Mi madre: Pero que yo sepa, eso no se estudia.
Yo: Pues entonces no estudio y busco otra forma.
Mi madre: El dinero es otra forma. Y para ello tienes que trabajar. Y para ello, estudiar.
Yo: Pues nada, pensaré a ver que estudio.

Yo creo que seguiremos siendo borregos hasta encontrar la valla que nos han puesto para encerrarnos, como buen rebaño que somos, y la saltemos. ¿Y quién ha puesto la valla? Gente de más clase social, gente con más importancia aunque probablemente sean menos importantes que tú y que yo, pero bueno, ellos se lo creen y por eso, nos lo creemos que son borregos de su propia sociedad. Su propia sociedad de auto-satisfacción, indiferentes del resto del mundo. Son esclavos de su mente, que les hace alcanzar límites como la corrupción, haciéndoles aún más borregos. Los que más creen tener el control, son los que más lo han perdido.

El día que encuentre la valla, no buscaré el mejor modo de saltarla, intentaré derribarla para que todos puedan salir. Al fin y al cabo, ¿de qué sirve dejar de ser un borrego, si todos los siguen siendo? No puedes hacer que un perro diga 'miau', al igual que no puedes hacer ver lo que tu ves a una persona ciega, por medio de descripciones o palabras. Tienes que quitarle la venda, para que vea. Y ella te ayudará a quitar más vendas. Y algún día, el mundo verá.

Porque ser borregos no consiste en ser todos iguales. Hay gente que busca ser diferente porque no quiere ser como los demás. Pero todas esas personas que intentan ser diferentes, al fin y al cabo, ¿no son iguales entre ellas?  Yo creo que ser borrego es estar ciego, de dos formas. Estar ciego, ignorando que lo eres; o estar ciego y saberlo, lo cual no quita que lo seas.


jueves, 8 de noviembre de 2012

'Musicofilia' de Oliver Sacks

En este libro, Oliver Sacks nos habla de la conexión entre la música y las personas, de como nos afecta y de las mil maneras que existen de vivirla.

Yo voy a tratar concretamente dos capítulos, 'La clave del verde claro: música y sinestesia' y 'Lamentaciones: Música, locura y melancolía'.


La clave del verde claro: música y sinestesia.

La relación entre música y color siempre se ha tratado de un modo poético y metafórico, pero Francis Galton, escritor, descubre que dicha relación puede llegar más lejos investigando el modo de percepción de diferentes personas.
La sinestesia es una mezcla de sentidos, es una facultad innata en algunas personas, relacionada con la imaginación. Solo una de dos mil personas tienen esta facultad. La más común es la musical, que mezcla la música y los colores, pero hay montones de tipos, mezclando desde sonidos e imágenes hasta colores y sabores. Cada sinestésico tiene sus propias relaciones.
La sinestesia activa varias zonas del cerebro a la vez, las cuales están conectadas de forma inusual. La posee toda persona al nacer (e incluso todo mamífero) y se pierde a medida que se crece, permaneciendo únicamente en personas con un gen especial.


Muchos artistas tienen esta facultad, como el compositor Michael Torke, que le dijo a su profesora que la pieza musical que más le gustaba era la azul. Los colores se le muestran sin alterar su visión, como diferenciando entre colores interiores y exteriores.
David Caldwell, otro compositor, también posee sinestesia musical y asegura que sin el color de la música no sería lo mismo componer; y Christine Leahy ve los colores de las notas según la letra que representa cada nota musical.
Patrick Ehlen, psicólogo y compositor, tiene sinestesia de todos los sonidos, y también de días, números y letras. En su música intenta transmitir esa visión sinestésica, ya que desearía que los demás pudieran ver como él ve. 'Estoy contando los colores hasta el viernes' dijo una vez en clase.


A mí, personalmente, me ha encantado este capítulo. Yo ya conocía la existencia de la sinestesia. Hace un año estuve investigando sobre el tema, viendo documentales e informándome. Me parece fascinante. Me encanta todo lo relacionado con el arte y pienso que una persona sinestésica debe tener una sensibilidad y una facilidad envidiable para componer, escribir, dibujar o simplemente imaginar. Para mí esa forma de ver las cosas que describe el libro es magia, es un sueño, es una forma poética y metafórica de vivir.
Aquella vez que estuve viendo documentales, tuve una conversación con mi madre:
-Mamá, ser sinestésico tiene que ser algo mágico, increíble. Ojalá yo lo tuviera.
-Niña, ¿estás loca? yo creo que eso es como una enfermedad. Siempre estás diciendo tonterías.
Lo pensé mucho, ¿y si ella tenía razón? Pero después de leer este capítulo, me ha quedado claro que no estoy tan loca como ella dice. Si a Patrick Ehlen le gustaría que todos pudieran ver como él, no debe ser algo horrible.
Eso sí, ojalá la sinestesia solo la posea gente que la aprecie. Si a alguien le resulta un problema, no debe ser agradable. También veo un desperdicio que alguien con sinestesia no explote todas las cualidades que su mente es capaz de otorgarle. Sería desaprovechar un don mágico.


Lamentaciones: Música, locura y melancolía

La música es una medicina. Animaba a John Stuart Mill cuando caía en depresión por problemas con su padre, y de adulto solo ella era capaz de emocionarle. A William Styron la música de un vídeo le desgarró el corazón cuando pensaba en suicidarse.
Tanto al autor como a Wendy Lesly, la música les ayudó a superar la muerte de un ser querido. Tras pasar varias semanas sin ser capaces de llorar, siendo insensibles en su interior, una canción repentina revivió sus sentimientos.
Oliver Sacks, autor del libro, cuenta que cuando murió su madre, tras estar de luto, recibir condolencias y demás, cayó en depresión. Ahí descubrió que la música te ayuda cuando ella quiere, no cuando tu la buscas.
Alexander Stein presenció el 11-S y de ahí en adelante solo se sentía sensible ante sonidos de aviones, o la respiración de su mujer cuando dormían: la música no le hacía sentir nada. Hasta que apareció una canción.
La música que expresa lo que tu sientes, que expresa tus sentimientos, es capaz de reconfortar y consolar a la mayoría de las personas.
Sacks también nos habla de un joven bipolar que le envió una carta contándole como la música era capaz de apaciguarle en sus momentos de mayor euforia, y como le animaba en sus momentos depresivos; y de como algunos enfermos son tratados más con música que con medicinas, ya que produce un mayor efecto en ellos. Algunos esquizofrénicos consiguen hacer desaparecer las voces y las alucinaciones al interpretarla.
La música puede ser la medicina adecuada para la melancolía y la locura.


Estoy completamente de acuerdo con el autor. Yo creo que no sería capaz de vivir sin música. He tenido durante años problemas con mi padre, problemas que han estado a punto de terminar en denuncia, e incluso juicio y si no hubiera sido por la música, no sé si habría soportado todo lo que soporté. Sentía (y siento) que dependo de ella, que la necesito. Cuando encontraba la canción perfecta, cogía los cascos y el móvil, la ponía en bucle, y todo se iba. Duré más de una semana escuchando 'Hero' de Skillet. Y tras haber leído este capítulo, entiendo el por qué. La letra podría perfectamente haber sido escrita por mí. Necesito un héroe que me salve ahora... decía. Y más que escucharla, necesitaba cantarla para desahogarme. Aprendí a tocar la guitarra para poder cantar a la vez.
Ahora que estoy en un grupo de música con dos amigos míos, siento que vivo la música más que nunca. El hecho de poder cantar mis canciones preferidas, de desahogarme en voz alta, me relaja muchísimo.
Lo difícil era encontrar esa canción mágica que me hiciera sentir viva. Y cuando aparecía, me agarraba a ella como si de un clavo ardiendo se tratase.
Hasta que encontré la canción perfecta. La canción que hace que me mantenga en paz tanto dentro como fuera de mí, que esté en paz con mi padre a pesar de llevar un año sin hablar con él. Es su canción favorita y también la mía. Y acabo de darme cuenta de que la letra... la letra lo significa todo. Dios, acabo de darme cuenta justo ahora.






Una filósofa más en un mundo de máquinas

Me encanta llevar la contraria, sonreír y llevar la absurdez al límite. Me gusta todo lo relacionado con el arte, ya sea pintura, escritura, baile, lectura, escritura o música. Es más, hace poco pasé a ser vocalista de Los Livertos. También me encanta el álgebra, es un amor raro e incondicional, o así está visto en esta nuestra sociedad.
Tengo amor por las diferentes culturas escondidas en el mundo, y por ayudar. Pero no ayudar a una abuelita a cruzar la calle (que también, no digo que no) pero me refiero a cambios más grandes. Cambios que ayuden a un país o incluso al mundo entero.

A lo largo de mi vida he querido ser profesora, trabajadora social, matemática, periodista, filósofa y nunca nada relacionado con la medicina. Al menos son cosas normalitas, no como mi hermana pequeña que decía que quería ser una científica loca y malvada. Ahora, pongo todas mis fuerzas en llegar a estudiar la carrera de Antropología o, quién sabe, Comunicación Audiovisual. Aunque me decanto mucho más por la primera. Me parece muy interesante. Además, descubrí la existencia de esa carrera viendo Cuarto Milenio: eso hace que gane muchos puntos.

Este blog está creado para filosofar al límite. Iré subiendo las actividades y trabajos de Filosofía del instituto. Me parecen muy interesantes, hace poco nuestro profesor dio un folio con una lista de posibles libros sobre los que redactar nuestro trabajo y me quiero leer todos. Además, incluyen mucho el tema de antropología. (Mi próxima entrada será sobre Musicofilia, un libro que tiene muy muy buena pinta).

Y por último por llevar la contraria, me presento. Soy María José, tengo 17 años y vivo y existo para conocer, crecer y dejarme sorprender.

Hasta la próxima.