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jueves, 27 de febrero de 2014

1 y 1 no siempre son 2.

Imaginemos que todos tenemos una caja y que dentro de esa caja hay algo a lo que llamamos "escarabajo".
Todos hablaríamos de nuestros escarabajos dando por supuesto que todos nuestros escarabajos son iguales. Pero quizá no son escarabajos. O quizá algunos sí y otros no. O quizá las cajas están vacías.
¿Entonces estamos hablando de escarabajos o no?


Sustituyamos ahora la palabra escarabajo por la palabra 'dolor', por ejemplo. Cada uno de nosotros habla del suyo dando por supuesto que tenemos el mismo concepto que los demás. Todo el mundo usará la palabra 'dolor' cuando hable de lo que hay dentro de su caja, pero ¿son todas las cajas iguales? ¿sentimos todos igual? No.


Ludwig Wittgenstein llega a la conclusión de que el 'escarabajo', el 'dolor' (lo que hay dentro de la caja) "queda fuera de consideración". Es decir, el lenguaje que usamos es un lenguaje que se basa en reglas públicas, mientras que las sensaciones son privadas y están fuera del alcance de los demás. El dolor que sentimos no tiene nada que ver con la palabra 'dolor' pero es la única forma que tenemos de expresarnos.

Wittgenstein plantea que escribamos una S en un diario cada vez que sintamos una sensación concreta y particular. La primera vez que escribes la S estás ya relacionando dicha letra con un sentimiento concreto. Pero la segunda, la tercera... ¿cómo puedes estar seguro de que es exactamente la misma sensación, sin ninguna variación? Este autor explica que dado que cada uno conoce únicamente lo que siente y nadie más tiene acceso a ello, si la utilización de la S parece correcta, lo será, aunque no podemos estar seguros. No podemos basarnos en nada porque no podemos saber como sienten los demás. Así que llega a la conclusión de que un "lenguaje privado" no sería posible dado que ni la propia persona sabría utilizarlo.

Por lo tanto, las palabras solo tienen sentido en un entorno. Es algo que se establece entre los habitantes de un sitio, el lenguaje empieza fuera. 

<<Si un león pudiera hablar, no lo entenderíamos>> Ludwig Wittgenstein, 1953

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Ha sido una sorpresa descubrir el tema de este capítulo, dado que alguna que otra vez me he planteado este problema del lenguaje e incluso se ha tratado en clase.
El año pasado, en uno de los primeros temas de Filosofía, nuestro profesor nos explicaba el proceso del lenguaje y que las ideas que tenemos de las cosas son distintas para cada uno. Nos puso el ejemplo de una berza. Tú tienes tu prototipo de berza, él el suyo y yo el mío. Los tres sabemos lo que es una berza, pero cada uno se la imagina de una forma distinta, según esté acostumbrado a comerla. Entonces dijo que "Quiero que tu berza se convierta en mi berza" sería un buen piropo.

Yo pienso que es frustrante que el lenguaje no de para más. A veces me resulta imposible explicar un sentimiento, una emoción o una idea. Al igual que a veces también me resulta imposible entender lo que otros intentan hacerme ver. ¿Y cómo sé que lo que yo creo que alguien siente es lo que realmente siente?
¿Y cómo sé que el resto del mundo entiende lo que yo siento? ¡No podemos vernos por dentro!

'Te quiero'. Puede ser todo y puede ser nada. Si pudiéramos mirar en las cajas de los demás, sería muchísimo más sencillo. -Mira mi caja, te quiero 'así de mucho' y 'así de grande'. -Anda, mira tú la mía, yo te quiero 'así de mucho' y 'así de grande' también. Y problema resuelto. Pero no. No tenemos ni idea de nada. Ni podemos tenerla. 

'Me duele aquí'. ¿Pero cómo te duele? ¿Te duele el músculo o el hueso? ¿Mucho o poco? ¿Pero cómo? ¿Por dentro? ¿Son como pinchazos o te duele cuando te mueves? Y así intentamos, sin demasiado éxito, intentar relacionar un dolor con distintas características para entendernos entre nosotros. Y por mucho que lo intentemos, dos personas nunca van a tener la misma idea de un tipo de dolor.

'Estoy triste, nos hemos peleado y ya no me habla'. ¿Triste de estar depre? ¿Triste de mantita, cama y chocolate o de mantita, sofá y tele? ¿De llorar o de querer salir un rato? ¿Tristeza de la larga o de la que se pasa rápido? 
AGH. Si no podemos mirar en las cajitas de los demás, yo no juego.
Wittgenstein menciona también que el lenguaje depende del contexto. En cada contexto las personas establecen un determinado lenguaje de forma inconsciente, pero está ahí. Y estoy de acuerdo.

Hay montones de contextos diferentes. Si estamos leyendo unas instrucciones en internet para aprender a coser y nos habla de introducir el hilo 'en el ojo', sabemos que es en el ojo de la aguja, no en nuestro ojo.
Si hablas a una persona desconocida y mayor que tú, la tratas de usted. A tus padres les hablas de forma informal pero sin excesos. A tus amigos les hablas de cualquier manera "tía, ojalá quedemos hoy que tengo un huevo de cosas que contarte, me cago en tó".
Entonces, a la hora de utilizar el lenguaje, lo principal no es conocer de forma perfecta su uso sino su significado y su intención en cada contexto.

Además, todas las personas, independientemente del lenguaje, tenemos establecidas una serie de conceptos para denominar todo lo existente. Da igual el idioma en que escribamos 'silla', es una silla. Aunque tu idea de silla no sea exactamente como mi idea de silla, sabemos lo que es.
¿Y si los leones hablaran? Si un león pudiera hablar, no lo entenderíamos; plantea este autor. Y esto se debe a que nosotros no estaríamos habituados al contexto del león, ni él al nuestro. Quizá para referirse a nosotros, en vez de usar la palabra 'humanos', el león usaría la palabra 'comida', por ejemplo. 



Como conclusión, quiero añadir que creo que el arte surgió por esto.
La música, los vídeos, las pinturas, la poesía, los libros, los bailes.. permiten que el ser humano se exprese de una forma de la que no es capaz a través del lenguaje.
Y, definitivamente, de este modo lo consigue mil veces mejor.




miércoles, 13 de febrero de 2013

Cambiemos a mejor

Rudolf Steiner: filósofo austriaco, erudito literario, educador, artista, autor teatral, pensador social y esoterista.

La filosofía de Rudolf Steiner afirma que el ser humano se compone de espíritu, alma y cuerpo.
"El yo vive en el cuerpo y el alma, pero el espíritu que vive en el yo es algo eterno. Todo lo que en el yo se acoge de lo físico-material desaparecerá después de la muerte, pero lo que tenga ese yo que ver con las leyes del espíritu adquiere carácter de eternidad".

Steiner crea un nuevo sistema educativo cuya primera escuela funda en 1919 en Sttutgart (Alemania) para los hijos de los trabajadores de Waldorf-Astoria, una fábrica de cigarrillos. De ahí proviene el nombre de este sistema, el sistema Waldorf.
Está basado en su idea de ser humano, de forma que la educación se divide en tres etapas para desarrollar de forma plena todas las cualidades del niño y obtener un legado tanto intelectual como artístico y disciplinar.

Es un método alternativo muy creativo que basa su educación en la motivación y las ganas de aprender, no en la autoridad de un profesor sobre sus alumnos ni en memorizar libros de texto. 
Cada niño es algo único e irrepetible.


En la primera fase, de 0 a 7 años, se aprende jugando. Lo importante es que los niños se sientan seguros y aprendan a reconocer sus talentos sabiendo que a su alrededor son respetados. Mediante los juegos se facilita que pasen a la siguiente etapa con ganas de saber y que aprendan rápidamente a leer y escribir. El aprendizaje es movimiento, no un niño sentado en una silla recibiendo información.

La segunda fase, de 7 a 14 años, se centra en los sentimientos. Investigaciones demuestran que se piensa a través de lo que se siente. Lo importante no es que aprendan porque lo aprendido siempre termina olvidándose, lo importante es que no olviden lo que sintieron al aprender.

Y tercera fase, de 14 a 18 años, centrada en el intelecto. Los alumnos se acercan a las materias desde un punto de vista más analítico, utilizando para ello actividades artísticas y sin exámenes.
Los exámenes provocan competitividad entre los alumnos y presión y drama al suspender. Las escuelas Waldorf motivan la competitividad del alumno consigo mismo y el afán de superación. Eso les da seguridad, compañerismo y colaboración.


Los resultados afirman que los alumnos de este sistema educativo se adaptan fácilmente a la universidad e incluso superan a la media en cuanto resultados: disfrutan aprendiendo.


La educación de hoy día se basa en el consumismo y la competitividad, lo que produce estrés e hiperactividad. El sistema de Steiner evita esto. Los alumnos no siguen al profesor, el profesor sigue a sus alumnos. No necesita exámenes para contemplar como evolucionan, sigue el nivel de sus alumnos en las diferentes materias durante muchos años. Tampoco utilizan las nuevas tecnologías ya que, aunque son beneficiosas en general, el hecho de exponer a los niños durante horas ante una pantalla limita sus mundos.


La libertad es una condición básica para la existencia de una vida cultural creativa.

Hay más de 2000 escuelas Waldorf de Primaria/Secundaria/Bachillerato en todo el mundo y más de 1900 de infantil. Un cambio es posible.

La UNESCO apoya este sistema, ya que obtienen una muy buena educación y mejoran su salud física y mental. Además, se adapta según avanza la sociedad.

«Se podría introducir fácilmente en el sistema educativo público. Bastaría con bajar la ratio de alumno por maestro, y cambiar el sistema tan encerrado en el aula y tan centrado en la inteligencia lógica y lingüística hacia un sistema más abierto a la naturaleza, a la vida, al movimiento y a los distintos tipos de inteligencias y talentos», opina la profesora y periodista Ileana Medina.

Si nos proponemos lograr este tipo de sistema educativo, cambiaríamos por completo nuestra sociedad a mejor. La sociedad está educada de forma que la mayor parte de la gente es egoísta y no está motivada sino, más bien, estresada. El problema es que esto se transmite de generación en generación tanto en casa como en las aulas. Las condiciones de nuestro país no incitan a ser creativos, ambiciosos, ni a tener afán de superación. Y eso debe cambiar.

Nuestro sistema está anticuado. Se sigue educando a los niños tal y como se hacía hace 30 años. El único cambio ha surgido en los castigos. El castigo físico, a pesar de denigrante y nada ético, lograba su objetivo: obediencia, autoridad y miedo a la libre expresión. Pero la sociedad evoluciona y no podemos conformarnos con cambiar los métodos de castigo a algo más ético, que no funcione, y obviarlo. ¿Un parte, un grito, una expulsión? Eso ya no logra nada. No sirve. Debe cambiar.

La sociedad tiene que avanzar, necesitamos una educación que promueva las cualidades de cada persona, que logre que cada uno pueda brillar de forma propia. Se necesita motivación y eso ha de inculcarse. Consiste en educar a la sociedad desde cero para que las nuevas generaciones eduquen del mismo modo a las siguientes. Cada vez hay más abandono escolar y los alumnos no sienten interés por aprender. Y eso es un gran error del sistema. Aprender es algo innato en cada persona, es el amor hacia el saber, y es algo que el sistema educativo debería explotar al máximo, no extirpar.

Las escuelas Waldorf son un clarísimo ejemplo de que cambiar a mejor es posible.






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 Fuentes:
Sobre Steiner 
http://es.wikipedia.org/wiki/Rudolf_Steiner

Sobre el sistema educativo
http://es.wikipedia.org/wiki/Pedagog%C3%ADa_Waldorf
http://www.revistabiosofia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=295&Itemid=55
http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/2007/02/27/pagina-72/55800623/pdf.html
http://www.escuela-waldorf.org/index.php/es/home/pedagogia
http://www.colegioswaldorf.org/pedagogia.html
http://smoda.elpais.com/articulos/la-nueva-forma-de-aprender/302

lunes, 4 de febrero de 2013

Experiencia 101: Buscar la caricia más leve

Mi pareja, el viernes, me hizo una visita sorpresa a la salida del instituto. Fue un detalle precioso.
Después de comer, vio en mi escritorio el libro de 101 experiencias filosóficas de la vida cotidiana y comenzó a ojearlo con curiosidad. Tras comentar ambos algunas de las experiencias más curiosas, se fijó en una en concreto y dejó el libro a un lado.

Acercó sus dedos a mi rostro y comenzó a acariciarme muy levemente. Cerré los ojos y me concentré únicamente en sentir.
Sabía de qué se trataba. Era la experiencia 101 del libro, la última. Buscar la caricia más leve. La había leído esa misma mañana.

Quizá penséis que este tipo de caricia apenas se siente. Si es así, no os podéis hacer una idea de lo equivocados que estáis. A pesar de ser la más leve, os puedo asegurar que es la más sentida de todas.

Sentía sus dedos por mis mejillas, mi nariz, mis labios. No es una caricia continua. Es tan leve que, en ocasiones, sus dedos danzaban brevemente por el aire antes de sentirlos de nuevo. Algo así como si trazara por mi piel pequeñas líneas discontinuas.
Es una sensación preciosa. El autor del libro la describe como éxtasis inefable de efecto divino. (Inefable: que no se puede explicar con palabras). Y tiene toda la razón. Te eriza la piel, te hace sentir bien, te relaja, te enamora.







Es un cosquilleo, es placer, es parar el tiempo.





Si pudiera atribuirle cualquier adjetivo existente, diría que es un cosquilleo agudo (sin llegar a rozar un agudo excesivo, ya que pasaría de maravilloso a desagradable) y dulce. Es de color diamante. Es un Sol mayor en una guitarra. Un Sol mayor o un La mayor. Es eléctrico, es esponjoso, es suave, es natural. Pero lo más bonito es saber que era él quien me hacía sentir tan bien.

Me acarició también el cuello y los brazos y se me erizaba la piel del gusto.

Pero no todas las caricias han de ser obligatoriamente con los dedos. Al terminar el recorrido de nuevo en mi rostro, pasó a acariciar mis mejillas con sus labios. Y mi nariz. Y mis labios.

Abrí los ojos y le sonreí, feliz. Había dejado de ser un experimento, había pasado a ser algo más que una experiencia escrita en un libro. Ahora, era algo muy nuestro.

Posé mis dedos en su rostro y comencé a acariciarle casi imperceptiblemente. Cerró los ojos y me sentí feliz por estar haciéndole sentir así.

Mientras me dedicaba a acariciarle lo más suavemente posible sin llegar a separar mis dedos de su piel, me dediqué también a mirarle. Es muy lindo. Deseaba hacerle sentir esa calma, esa magia, esa chispa, esa sensación que él había provocado en mí.

Terminé tal y como él lo había hecho: rozando mis labios con los suyos.
Me besó. Lo besé. Y nos fundimos en un abrazo y en un suspiro.

Como he dicho, no podéis imaginar lo bonito y perfecto que es esto. Ha pasado a ser un momento muy nuestro que repetimos y repetiremos a menudo.
A pesar de ser la caricia más leve, es la más sentida y, probablemente, la más deseada.



viernes, 7 de diciembre de 2012

Borregos de una sociedad


Este experimento me resulta fascinante. El modo en que una persona se deja llevar en algo tan simple, con tan poca importancia, como puede ser la orientación en que todos se colocan en un ascensor.

Somos borregos de la sociedad. Donde va uno, van todos. Nos dejamos llevar por lo que todos creen correcto, creemos todo lo que se nos dice siempre que encaje con el resto de verdades ya dichas, y así nos sentimos bien. Integrados, formando parte de algo. Esa es una de las facetas que nos hace humanos, necesitamos vivir en sociedad para crecer como personas. ¿Pero es así realmente?
Este criterio de verdad se conoce como 'Coherencia', donde solo podemos admitir como verdadero un juicio si es coherente con todo lo demás que admitimos como verdad.

¿Pero qué clase de crecimiento es este? ¿Cómo voy a crecer como persona si me dedico a dejarme llevar, dejarme influir y aceptar todo lo dicho? No se puede.



Hay montones de casos en nuestro día a día que nos demuestra esto. Hoy en el instituto, hemos tenido una charla sobre primeros auxilios. El último tema tratado ha sido el tema de las drogas. El monitor pedía motivos por los cuales alguien entraría en las drogas y yo le di el motivo que más veo normalmente: Presión social. Mis amigos las toman y no voy a ser el/la único/a que no lo haga. Quiero integrarme. Quiero ser guay, ¿qué hay más guay que estar apoyado en la pared con un cigarro entre los dedos? Si todos lo hacen no será tan malo, ¿qué mas da? Lo peor es que había gente que veía esto normal. ¿Qué ocurre? ¿Que si no lo haces, te dejarán de lado? Entonces no son amigos. ¿Quieres ser guay? Pues esfuérzate llegando a algo en la vida. ¿No es tan malo? Yo creo que el simple hecho de alterar tu percerpción de la realidad y crearte dependencia, ya hace que lo sea.

En mi grupo de amigos no bebía nadie. Comenzó a salir con nosotros un chico que bebe. Ahora todos beben, menos dos o tres que no lo hacemos. Yo controlo, mientras se sepa controlar, no es malo decía la más responsable de todos los que bebían. Y el sábado me la encontré vomitando en el parque mientras otra le sujetaba el pelo. Así te lo pasas mejor, dicen. Yo me lo paso muy bien y no me hace falta tomar nada. Además... ¿no es mejor poder recordarlo todo al día siguiente y evitar dolores de cabeza resacosos?

Yo: Me sorprendió mucho que la gente dijese que entraría en las drogas por no quedarse solo.
Mi madre: Si todos pensaran como tú, entonces no habrías podido decir 'por presión social', ya que a nadie le ocurriría. Tú misma lo dijiste, no debería soprenderte.
Cuánta razón.

Yo creo que el hecho de que somos borregos se ve en todos lados. A gran escala, puede verse en el simple hecho de que exista el concepto 'moda'. Todos seguimos ciertas tendencias, por decirlo de algún modo, sea porque las seguimos realmente o porque, cuando algo se pone de moda, las tiendas solo venden eso. Lo difícil que sería ahora encontrar un pantalón que llegase hasta la cintura, por ejemplo. ¿Por qué no puedo salir con unas gafas de buzo a la calle? ¿Por qué, si a mí me gusta? No está bien visto.
Hace un par de semanas me compré un gorro de navidad que me encantó. Me parece muy original, y creo que será interesante ver que pasará cuando salga con él a la calle.

Y a pequeña escala, vale con ver una ciudad, incluso con ver nuestra clase bastaría para afirmarlo. Hay dos o tres graciosos (si realmente lo son), que disfrutan molestando en clase, lanzando bolas de papel cuando el profesor se gira y demás. La gente a esto reacciona de varias maneras:
-Les molesta, les parece inmaduro e inapropiado para una clase de 1º de bachillerato, y si la bola o lo que sea llega a ellos, la guarda, la deja caer al suelo, o la ignora. Les molesta y no van a fingir lo contrario. Cuando surge el momento apropiado, hablan con el tutor/a.
-Les molesta y les parece inmaduro, como al grupo anterior, pero si demuestran esto, los graciosos los van a tomar por gente aburrida, gente a la que atacar si surge el momento con alguna broma desagradable y, en consecuencia, prefieren fingir que les hace gracia, soltar alguna risita y disimular. Si la ocasión lo permite, lanzarán la bola, dirán alguna gracia acorde con el momento, etc. Colaborarán.
Sin embargo, a la hora de quejarse, son los segundos los que más lo hacen. Siempre y cuando, nunca se sepa que fueron ellos los que se quejaron. Borregos, borregos everywhere.

He enseñado este vídeo a varias personas. Algunos me han reconocido que habrían actuado como las víctimas mostradas, que habrían ido imitando sus gestos. Sin embargo, hubo respuestas por parte de tres amigos míos que me sorprendieron bastante y, por como conozco a estas tres personas, creo realmente que actuarían así.

E: Yo me habría quedado tal y como me hubiera colocado, la verdad. No me habría molestado en girarme o colocarme como ellos. Yo habría pasado de todo bastante, si eso, me habría quedado mirándolos, por ver que hacen.

H: Yo me habría salido del ascensor. Qué miedo, por favor. ¿Te lo imaginas? Cuatro personas girando a la vez y haciendo cosas raras. Quita, quita. Yo a la primera cosa extraña, me habría salido y habría utilizado las escaleras. Además, los ascensores nunca me han gustado.

A: Yo no me habría movido, pero me habría puesto a mirarlos con cara de '¿Qué narices estáis haciendo?', seguro. Y te imagino a ti en el ascensor, María José, mirándolos y riéndote a carcajadas.


Quizá tiene razón, vaya. Habría sido muy gracioso. Algo que me sorprende del vídeo es la cantidad de gente que se oye reírse de fondo. Reíos, sí, pero segura estoy de que un 90% de vosotros habría actuado igual.



Conclusión: Somos borregos. Y hablo, y he hablado todo el tiempo, en primera persona del plural, porque me incluyo. Yo creo que nadie se libra de ser un borrego. ¿Te hace menos borrego el hecho de saber que lo eres? No, solo eres un borrego consciente, supongo. ¿Cómo evitar serlo? Todo nos orienta a serlo. La educación, los medios de comunicación, nuestras familias, el mundo. ¿Cómo saber lo que es cierto o no? Y lo peor, ¿cómo cambiarlo? Yo desde que era pequeña he dicho que lo que quiero es cambiar el mundo a gran escala.

Mi madre: ¿Sabes ya qué quieres estudiar?
Yo: No sé, algo para cambiar el mundo.
Mi madre: Lo puedes hacer con pequeñas cosas. Ayudando, siend...
Yo: Eso ya lo hago. Pero eso no va a contribuir a que Haití mejore, por ejemplo.
Mi madre: Pero que yo sepa, eso no se estudia.
Yo: Pues entonces no estudio y busco otra forma.
Mi madre: El dinero es otra forma. Y para ello tienes que trabajar. Y para ello, estudiar.
Yo: Pues nada, pensaré a ver que estudio.

Yo creo que seguiremos siendo borregos hasta encontrar la valla que nos han puesto para encerrarnos, como buen rebaño que somos, y la saltemos. ¿Y quién ha puesto la valla? Gente de más clase social, gente con más importancia aunque probablemente sean menos importantes que tú y que yo, pero bueno, ellos se lo creen y por eso, nos lo creemos que son borregos de su propia sociedad. Su propia sociedad de auto-satisfacción, indiferentes del resto del mundo. Son esclavos de su mente, que les hace alcanzar límites como la corrupción, haciéndoles aún más borregos. Los que más creen tener el control, son los que más lo han perdido.

El día que encuentre la valla, no buscaré el mejor modo de saltarla, intentaré derribarla para que todos puedan salir. Al fin y al cabo, ¿de qué sirve dejar de ser un borrego, si todos los siguen siendo? No puedes hacer que un perro diga 'miau', al igual que no puedes hacer ver lo que tu ves a una persona ciega, por medio de descripciones o palabras. Tienes que quitarle la venda, para que vea. Y ella te ayudará a quitar más vendas. Y algún día, el mundo verá.

Porque ser borregos no consiste en ser todos iguales. Hay gente que busca ser diferente porque no quiere ser como los demás. Pero todas esas personas que intentan ser diferentes, al fin y al cabo, ¿no son iguales entre ellas?  Yo creo que ser borrego es estar ciego, de dos formas. Estar ciego, ignorando que lo eres; o estar ciego y saberlo, lo cual no quita que lo seas.


jueves, 8 de noviembre de 2012

'Musicofilia' de Oliver Sacks

En este libro, Oliver Sacks nos habla de la conexión entre la música y las personas, de como nos afecta y de las mil maneras que existen de vivirla.

Yo voy a tratar concretamente dos capítulos, 'La clave del verde claro: música y sinestesia' y 'Lamentaciones: Música, locura y melancolía'.


La clave del verde claro: música y sinestesia.

La relación entre música y color siempre se ha tratado de un modo poético y metafórico, pero Francis Galton, escritor, descubre que dicha relación puede llegar más lejos investigando el modo de percepción de diferentes personas.
La sinestesia es una mezcla de sentidos, es una facultad innata en algunas personas, relacionada con la imaginación. Solo una de dos mil personas tienen esta facultad. La más común es la musical, que mezcla la música y los colores, pero hay montones de tipos, mezclando desde sonidos e imágenes hasta colores y sabores. Cada sinestésico tiene sus propias relaciones.
La sinestesia activa varias zonas del cerebro a la vez, las cuales están conectadas de forma inusual. La posee toda persona al nacer (e incluso todo mamífero) y se pierde a medida que se crece, permaneciendo únicamente en personas con un gen especial.


Muchos artistas tienen esta facultad, como el compositor Michael Torke, que le dijo a su profesora que la pieza musical que más le gustaba era la azul. Los colores se le muestran sin alterar su visión, como diferenciando entre colores interiores y exteriores.
David Caldwell, otro compositor, también posee sinestesia musical y asegura que sin el color de la música no sería lo mismo componer; y Christine Leahy ve los colores de las notas según la letra que representa cada nota musical.
Patrick Ehlen, psicólogo y compositor, tiene sinestesia de todos los sonidos, y también de días, números y letras. En su música intenta transmitir esa visión sinestésica, ya que desearía que los demás pudieran ver como él ve. 'Estoy contando los colores hasta el viernes' dijo una vez en clase.


A mí, personalmente, me ha encantado este capítulo. Yo ya conocía la existencia de la sinestesia. Hace un año estuve investigando sobre el tema, viendo documentales e informándome. Me parece fascinante. Me encanta todo lo relacionado con el arte y pienso que una persona sinestésica debe tener una sensibilidad y una facilidad envidiable para componer, escribir, dibujar o simplemente imaginar. Para mí esa forma de ver las cosas que describe el libro es magia, es un sueño, es una forma poética y metafórica de vivir.
Aquella vez que estuve viendo documentales, tuve una conversación con mi madre:
-Mamá, ser sinestésico tiene que ser algo mágico, increíble. Ojalá yo lo tuviera.
-Niña, ¿estás loca? yo creo que eso es como una enfermedad. Siempre estás diciendo tonterías.
Lo pensé mucho, ¿y si ella tenía razón? Pero después de leer este capítulo, me ha quedado claro que no estoy tan loca como ella dice. Si a Patrick Ehlen le gustaría que todos pudieran ver como él, no debe ser algo horrible.
Eso sí, ojalá la sinestesia solo la posea gente que la aprecie. Si a alguien le resulta un problema, no debe ser agradable. También veo un desperdicio que alguien con sinestesia no explote todas las cualidades que su mente es capaz de otorgarle. Sería desaprovechar un don mágico.


Lamentaciones: Música, locura y melancolía

La música es una medicina. Animaba a John Stuart Mill cuando caía en depresión por problemas con su padre, y de adulto solo ella era capaz de emocionarle. A William Styron la música de un vídeo le desgarró el corazón cuando pensaba en suicidarse.
Tanto al autor como a Wendy Lesly, la música les ayudó a superar la muerte de un ser querido. Tras pasar varias semanas sin ser capaces de llorar, siendo insensibles en su interior, una canción repentina revivió sus sentimientos.
Oliver Sacks, autor del libro, cuenta que cuando murió su madre, tras estar de luto, recibir condolencias y demás, cayó en depresión. Ahí descubrió que la música te ayuda cuando ella quiere, no cuando tu la buscas.
Alexander Stein presenció el 11-S y de ahí en adelante solo se sentía sensible ante sonidos de aviones, o la respiración de su mujer cuando dormían: la música no le hacía sentir nada. Hasta que apareció una canción.
La música que expresa lo que tu sientes, que expresa tus sentimientos, es capaz de reconfortar y consolar a la mayoría de las personas.
Sacks también nos habla de un joven bipolar que le envió una carta contándole como la música era capaz de apaciguarle en sus momentos de mayor euforia, y como le animaba en sus momentos depresivos; y de como algunos enfermos son tratados más con música que con medicinas, ya que produce un mayor efecto en ellos. Algunos esquizofrénicos consiguen hacer desaparecer las voces y las alucinaciones al interpretarla.
La música puede ser la medicina adecuada para la melancolía y la locura.


Estoy completamente de acuerdo con el autor. Yo creo que no sería capaz de vivir sin música. He tenido durante años problemas con mi padre, problemas que han estado a punto de terminar en denuncia, e incluso juicio y si no hubiera sido por la música, no sé si habría soportado todo lo que soporté. Sentía (y siento) que dependo de ella, que la necesito. Cuando encontraba la canción perfecta, cogía los cascos y el móvil, la ponía en bucle, y todo se iba. Duré más de una semana escuchando 'Hero' de Skillet. Y tras haber leído este capítulo, entiendo el por qué. La letra podría perfectamente haber sido escrita por mí. Necesito un héroe que me salve ahora... decía. Y más que escucharla, necesitaba cantarla para desahogarme. Aprendí a tocar la guitarra para poder cantar a la vez.
Ahora que estoy en un grupo de música con dos amigos míos, siento que vivo la música más que nunca. El hecho de poder cantar mis canciones preferidas, de desahogarme en voz alta, me relaja muchísimo.
Lo difícil era encontrar esa canción mágica que me hiciera sentir viva. Y cuando aparecía, me agarraba a ella como si de un clavo ardiendo se tratase.
Hasta que encontré la canción perfecta. La canción que hace que me mantenga en paz tanto dentro como fuera de mí, que esté en paz con mi padre a pesar de llevar un año sin hablar con él. Es su canción favorita y también la mía. Y acabo de darme cuenta de que la letra... la letra lo significa todo. Dios, acabo de darme cuenta justo ahora.